Eduardo Eurnekian

Martes, marzo 25th, 2014

Entrevista con Eduardo Eurnekian para el diario La Nación

Eduardo Eurnekian: “Descubrí a tiempo que si no soy creativo e ingenioso, todo languidece, pero si tengo que barrer el piso seré muy eficiente”

EE LN

Si fuese un hombre común ya estaría jubilado desde hace más de una década y media. Pero a los 81 años, Eduardo Eurnekian tiene más trabajo que nunca. O más empresas, lo que puede llegar a ser todavía más pesado. Atildado, pero al mismo tiempo filoso, siempre es muy consciente de lo que debe decir y callar. Ser socio del Estado tiene sus bemoles.

Para mantenerse en forma, ser metódico es la clave, confiesa el dueño de la Corporación América. Se levanta y se acuesta temprano, y cada mañana dedica de una hora a 90 minutos para nadar, y a la tarde un tiempo similar para hacer yoga. Y cuando la ocasión se presenta propicia, le gusta cerrar el día en su mansión de Olivos con mesas de invitados aun más eclécticas que las de Mirtha Legrand.

El resto del tiempo se le va entre infinitas reuniones con jefes y empleados de tan variados estilos y manías como la amplitud de empresas que abarca su diversificado holding. Según la revista Forbes es la segunda fortuna de la Argentina (1900 millones de dólares).

La entrevista con LA NACION precisamente tiene lugar en el comedor privado de su laberíntica base de operaciones que une distintos edificios que dan a Bonpland y Honduras. Allí mismo donde hace muchos años funcionó la fábrica textil familiar y hace menos, en los menemizados años 90, alumbró un multimedios que terminó rebautizando al barrio como Palermo Hollywood. Los chimenteros, panelistas y periodistas que trabajaban allí debieron emigrar a estudios vecinos cuando Eurnekian, aun habiendo sido pionero de la TV cable, decidió apartarse del mundo de los medios. Aunque, aún hoy, por un pago que quedó pendiente, retiene el 15% de las acciones de América TV. “Tendría que haberlos ejecutado”, dice, pero prefirió dejar las cosas como están. Asegura que ese ciclo se agotó. “Vendí bárbaro la TV, la radio y el diario.”

Cuando se le pregunta quiénes lo hicieron sufrir más, si los gobernantes o los periodistas, responde con un dejo de ironía que se trata de “sufrimientos distintos”. Y agrega: “A los periodistas si se les da la libertad total, que la deben tener, siempre queda la duda de si en el fondo no estarán respondiendo a algo. No pueden usar el medio para ensañarse contra alguien. Nunca les pedí más que defendieran la investidura presidencial”.

Aunque se lo ve como un empresario bien plantado y con los pies sobre la tierra, es el mayor operador de aeropuertos del mundo. Ya tiene 52, incluidos los últimos que ganó este año en Pisa y Florencia (Italia). Sin embargo considera a ese negocio como geriátrico, la forma que tiene de calificar a los negocios que tienden a su punto de saturación o que van quedando obsoletos por alguna razón. “Si no estuviera tan convencido de eso -justifica- no estaría pensando en nuevos negocios, pero sigo porque hemos ganado prestigio internacional como gestionadores aeroportuarios.”

Eso sí, desmiente que la primera pista que haya gestionado haya sido la que pasaba por al lado del caserón de Carlos Menem en Anillaco cuando era presidente. “Me pareció razonable y salí a defenderlo, pero no tuve nada que ver ni la construí”, se defiende.

Fue matarife y hasta granjero. Le interesa la historia y la astronomía pero el clic recién lo hizo en los años 70 cuando se sintió un idiota porque no había hecho nada por sí mismo y sólo se había contentado en defender la fábrica textil fundada por su padre en 1928. Sentía que su progenitor había sido inteligente y él, no. Y se decidió a combatir ese complejo con hechos concretos.

Dice que para trabajar siempre ha usado más su cabeza que sus manos, aunque cuando era chico le gustaba armar kits de electricidad o mecánica. “Tenía vocación y paciencia”, recuerda.

Hace unos años quiso aprender a tocar el piano, pero le dio cierta frustración no poder dominar las obras que a él más le gustaban como un eximio concertista.

Cuando se dio cuenta de que no lo conseguiría abandonó. “¿Para qué voy a perder el tiempo en hacer algo que hago mal cuando aparentemente puedo hacer cosas que me salen bien?”, se dice a sí mismo con espíritu práctico. Ahora, en sus tiempos libres, se dedica a colorear mandalas, dibujos orientales que dan pie a la meditación. El resto del tiempo es vértigo.

Hoy la corporación de Eurnekian apuesta al futuro tras poner en marcha la primera planta de nanotecnología de América del Sur (Unitecblue, en Chascomús) y al entrar al mercado informático de Brasil, convocado por el gobierno del país vecino, en asociación con el Bndes e IBM, para fabricar chips.

-¿Qué tipo de actividad no tendría nunca en su holding?

-El juego no me interesa definitivamente.

-Será porque hay otros jugadores fuertes en ese rubro.

-No es por eso. Ni aunque me lo regalen. Armenia, por ejemplo, me lo ofreció y no me he interesado. No me gusta, soy contrario al juego.

-¿Usted tampoco juega?

-Jugar, no digo que me encanta, pero me gusta. Como negocio, no. Creo que no se debería propiciar el juego. Hay otras maneras de ganar plata.

-¿Nunca ha errado en la elección de sus colaboradores?

-¡¡¡Uff!!! Es inevitable, pero en esto, primero no hay que tener miedo a equivocarse. Segundo se debe tener la capacidad de solucionar los propios errores con valentía. Así como es fácil abrir una empresa, también hay que tener el coraje de cerrarla.

-¿Es cierto que consulta con una grafóloga antes de contratar a nuevos empleados?

-Sí.

-¿Y le da resultado?

-No siempre, pero eso demuestra que estoy aferrado al método. Es un método. Como no puedo entrevistar a todo el mundo utilizo ese mecanismo que entiendo que es justo. Perfecto no es. Es uno más.

-¿No le fatiga tener tantos negocios?

-El cansancio llega cuando surge algo inesperado. Si en el camino aparece una coyuntura que rompe los esquemas, políticos que afectan tu negocio o problemas internacionales, esos te generan un distrés porque aparte de tener que subir todos los días la montaña, te tiran cascotes desde arriba.

-Debe ser difícil para un líder empresario descentralizar tareas.

-No es tan así. Uno sabe hacer todo si se rodea bien. Tengo una manga de sobrinos, buenos y laburadores, cada uno en lo suyo, con sus locuras y fantasías.

-¿Es de escuchar?

-Hasta cierto punto escucho. Después creo que no. Hago valer mi criterio.

-¿Cómo no errar en la última decisión, la que toma como jefe máximo en soledad?

-Hay un factor suerte que es exógeno y hay un factor de interpretación propia. Con la intuición, que yo defino como la sumatoria de experiencias personales acumuladas desde que uno nació, sale sola, en un toque.

-¿Le preocupa la muerte?

-Linda pregunta. Si digo que no, van a creer que miento. Si digo que sí, que tengo poco coraje. La muerte es la carga más pesada y dura que lleva todo ser humano.

-No le pregunto tanto si tiene miedo a la muerte por lo que pueda pasar o no después, sino por lo que dejaría acá. ¿Cómo imagina que funcionarían sus empresas sin usted?

-Pensar en eso sería un egoísmo personal de creer que soy necesario y no lo soy. Somos necesarios mientras vivimos. Si uno genera con valor positivo, ingenio y creatividad, luego los que vengan se ocuparán. Además, las circunstancias en la vida son por lejos mucho más determinantes que lo que cualquier ser humano pueda imaginar. No hay nadie tan omnipotente que pueda con eso.

-¿Le teme a la decrepitud?

-Desde hace muchos años me he preocupado para no estar decrépito a esta edad. Estoy activo y trato de ser creativo. Cuando me doy cuenta de que no lo soy, poco a poco voy dando lugar a otros. Al ponerse uno mayor, más se debe profundizar el método que cuando se tiene 40 años. A mi edad hay que ser más cuidadoso.

-¿Cómo estimula su creatividad?

-Es un acto de la voluntad. Para ser creativo tiene que haber cierto conocimiento. A partir de un saber determinado hay que juntarse con otros que puedan saber de lo mismo y pelotear. Así nacen las ideas. La creatividad nace del conocimiento, del mercado y de tu experiencia personal sobre la vida. Es importante saber qué es lo que el mercado quiere.

-¿Se siente optimista?

-En general soy contrario a expresar optimismo porque los argentinos nos amparamos enormemente en que lo tenemos todo: una costa marítima brutal, una pampa húmeda extraordinaria, sierras y montañas, productos regionales, minería. Sólo nos falta una sola cosa: trabajar.

-¿Somos vagos los argentinos?

-La vagancia nace de que estamos bárbaros, lo que es cierto. El país tiene de todo. Teníamos la vaca viva y, por si faltara algo, ahora la solución es Vaca Muerta como antes lo fue el agro, una buena cosecha. Pero la situación de pobreza existente no refleja la riqueza del país. Algo no anda. Y lo que no anda es esa falsa confianza. No soy optimista porque tenemos todo, pero nos falta trabajar.

-¿Qué falló?

-La Argentina tuvo entre 1880 y 1920 una transformación impresionante. Luego no entendimos el fenómeno del proletariado y lo resolvimos por vía de la fuerza, y es el período que se abre en 1930 y que va hasta 1983. Del 83 a hoy estamos tratando de experimentar cualquier mecanismo que nos permita recuperar ese tiempo perdido.

-¿Ganamos algo?

-Como resultado general lamentablemente tengo que decir que no. En vez de fortalecer instituciones las hemos deteriorado, cosa que yo no esperaba que sucediera. Pensaba que la democracia iba a ser más orgánica y en cambio se fue dilapidando desde el 83 a la fecha.

-Los partidos y gobiernos populares y populistas latinoamericanos le echan la culpa de buena parte de nuestros males a Estados Unidos.

-Es un eslogan de la izquierda, pero no es verdad. Que ha habido indiferencia, no tengo la menor duda, pero que ha promovido nuestros males, desde ningún punto de vista.

-Mientras tanto, el Mercosur boquea.

-Hay que aceptar que fracasó como buena idea porque no supo expandirse ni escuchar a sus potenciales socios. No se impuso la problemática del progreso, sino una cuestión de políticas menores sobre si estás a favor o no de fulano. Cuando se habla a favor de un proyecto país y de su grandeza no se pregunta con quién se está o no. Todo surge de negociaciones. Hay que sentarse a negociar. Nosotros tenemos actividades donde estamos expuestos a tener un mayor contacto con el Gobierno porque son nuestros socios en los aeropuertos. Es un hecho que no se puede negar. Están en el directorio y no es fácil, por ejemplo, la adecuación de tarifas, que debería ser más fluida y menos burocrática. Claro que el Gobierno, sin duda, tiene que controlar y regular, pero lo menos posible. Además, el que regula tiene que saber hacerlo.

-¿Cuál es el mecanismo para progresar?

-El mundo cambia y progresa sólo cuando los idealistas perciben que están dadas las condiciones para aplicar sus ideas. Hay países que avanzan más y países que avanzan menos. Indefectiblemente los procesos en la historia no se agotan, se superan por etapas económicas que a su vez generan las condiciones necesarias para poder lograr cambios sociales.

-¿Qué pasa cuando sus interlocutores no están preparados para las negociaciones que entablan con usted?

-La mente humana es el progreso de su propia racionalidad. Es imposible ser director de orquesta sin conocer los instrumentos y el pentagrama. No quiero que éste sea un país sin código donde no impere la ley, ni una Constitución que garantice libertades.

-Capaz que tiene ganas de opinar de determinada manera y no lo hace no por miedo, sino por conveniencia.

-Si tengo que analizar seriamente cosas que no comparto -no digo de este gobierno, sino de cualquiera de este período constitucional- lo hago en círculos empresariales, como la Cámara Argentina de Comercio. Ahí expresamos libremente todo lo que pensamos. Primero analizamos si lo que se propone está dentro del marco de la legalidad y segundo tenemos que respetar a todos.

-No es negocio pelearse con el Gobierno.

-No es nuestra función pelearnos. Pero hablemos del futuro: no es posible creer que algún candidato que pueda tener alguna posibilidad de éxito en las elecciones no vaya a tener un perfil democrático, aperturista e integracionista con el mundo.

-Pero en las campañas se promete mucho más de lo que luego se hace.

-Querrá decir que todavía no ha llegado el momento de cambiar, pero ese momento va a llegar. Además, ¿qué se puede hacer?, ¿sacar las armas, salir a combatir, esperar con aceite caliente que pasen los kirchneristas y La Cámpora?

-¿Hubo década ganada?

-Si la sociedad no aprende a interpretar las experiencias del pasado para aplicarlas en el futuro no hay décadas ganadas, sino perdidas. Si en cambio las sabemos aprovechar serán ganadas.

-¿Que es el dinero para usted?

-Para mí es generación de trabajo, me permite exacerbar al máximo mi imaginación para ser creativo, algo que creo debe estar en todas las actividades de la vida. Por suerte, como empresario, descubrí a tiempo que si no soy creativo e ingenioso, todo languidece. Hay que estar atento, activo y aspirar a la trascendencia. El dinero uno no se lo lleva.

-¿Se puede ser millonario y frugal al mismo tiempo?

-Sí, ¿por qué no? Difícil que hable de eso, aunque no tengo apego al dinero. Si tengo que barrer el piso seré muy eficiente haciéndolo, no te quepa la menor duda.

-¿Qué es lo próximo?

-No sé. Vendrá.


BIO

Profesión: empresario

Edad: 81 años

  • Salvo el juego, casi no hay actividad que le sea ajena a Eurnekian: obras viales, concesionario de casi 1200 kilómetros de rutas, 100.000 hectáreas en cultivo, bodegas, empresas de energía, parques eólicos y, principalmente, gestiona 52 aeropuertos.


MOMENTOS

Perros cargados

A Eurnekian le encantan los perros. Suele bautizarlos con nombres de políticos que remiten a temas de actualidad. No se salvan ni siquiera los mandatarios de países vecinos. Así ha tenido canes llamados Lula o Tabaré. En la época en que Domingo Cavallo era superministro de Economía supo tener un perro al que llamó Mingo. Una situación equívoca vivió el día que tuvo que reprender por alguna razón al animalito y estaba invitado en su casa el célebre economista.

“Cuando se armó el lío con Clarín -se refiere Eurnekian a los chisporroteos entre ese grupo de comunicación y el Gobierno- le puse el nombre del diario a uno de mis perros.”

Después se dio cuenta de que podía sonar equívoco que él, o sus asistentes, fueran por el parque en su búsqueda gritando ¡Clarín, Clarín!

Detalle: al lado de la casa de Eurnekian, en Olivos, vive Ernestina Herrera de Noble, la directora del matutino homónimo. Cortó por lo sano: derivó al pichicho hacia uno de sus campos.

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